En El niño en ruinas, José Luís Peixoto construye una poética del silencio a través de la evocación de un tiempo en el que amor era sinónimo de perfección, cuando el padre era una presencia y el omento en que la mirada del otro bastaba para disipar inviernos. Este poemario, dividido en cuatro partes, recorre las grietas que deja el paso del tiempo, deteniéndose en la experiencia de la pérdida, el fin de la inocencia, la ansiedad sexual y la intemperie que acompaña a la soledad. A manera de confesiones, estos textos son un ejemplo del refugio que ofrecen las palabras, incluso cuando todo parece destinado a desaparecer.